Quisiera despedirme pero no me basta con un mensaje, mucho menos con un beso Despedirse de una ilusión es más difícil que todo eso.
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MedianochedeMiercoles Pienso en vos mientras escribo para la facu porque estoy escuchando la música que te gusta. Tampoco es que seas tan original, es tan solo un álbum de los Redondos pero bueno, escucho la música que te gusta mientras escribo. Cuanto más pienso sobre qué hacer mi trabajo, más se expande mi cerebro; no en términos materiales sino simbólicos, se expande e intenta llegar a lugares desconocidos... Pero no tanto. Buscando ideas originales sin que sean extremas ¿O a caso una quiere pasar de lo original a lo marginal? No, claro que no. Pienso que quizás estaría bueno haber fumado faso y es ahí donde apareces devuelta, donde te pienso devuelta ¿Es que acaso no te vas nunca vos? De hecho, acá estás de nuevo, mientras escribo esto en lugar de aprovechar que toda mi familia duerme y concentrarme en el trabajo que tengo que hacer. Mientras todos duermen, mi celular también: hace ya un rato que dejaron de llegarme mensajes cual catarata. Pum, volvés a aparecer: me acuerdo que te ...
Filosofía en zapatillas Es difícil saber cuantas de nuestras acciones corresponden a nuestros actos y cuántas de ellas, corresponden a la arbitrariedad del tiempo. La gran pregunta infinita sobre la casualidad o causalidad, se enreda cada vez más como una maraña en mi pelo que no deja pensar bien a mi cerebro. No importa cuántas vueltas le dé al asunto, ni con cuantas personas lo hable, nunca voy a hallar la respuesta, me tranquiliza saber que no es mi culpa no hallarla pero, al mismo tiempo, es algo que me desvela, como si tuviera la necesidad de romper con ese bucle infinito y ser la que, por primera vez, resuelva aquel misterio y le de un sentido al sinfin de pensamientos.
Pasás por casa y me levantás con el auto. Damos unas vueltas, no hay un destino fijo, solo ganas de vernos. En cada semáforo, me mirás a los ojos y la luz roja ya no indica frenar, es arrancar y arrancás. Mano y contramano, la calle y nosotros. Alternas entre la palanca de cambio y mi muslo, como si las marchas dependieran de ello. Apenas pisás el pedal, no hay apuro, el destino es ningún lado. Seguimos. Acelerar y frenar, avanzamos y nos suspendemos. Llegamos al límite: el río ya está a nuestro lado y la luna, llena. Tomo hasta el último sorbo de esa cerveza que me buscaba, también tu boca. Nos matabamos como si no existiera nada más allá de ese instante y la ciudad nos perteneciera. Y no pedía más que morir con vos en una noche con olor verano. Entre tu frescura y la cumbia a lo lejos. Por un momento, pensé que el mundo terminaba ahí.
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