Siento lástima pero lástima genuina, esa que te involucra, de la que te sentís parte aunque en realidad no lo seas.
Esa lástima que, al mismo tiempo, te genera rechazo, que te separa, que te obliga a distanciarte, de la que sentís que no podes volver.
La que hace que se te cruce todo lo que podría haber sido por la cabeza y te recuerda todo lo que fue como si pasase en cámara rápida frente a los ojos.
Mata, mata la relación, mata ideas e idealizaciones. Mata lo existente y construye otra cosa, una copia berreta de algo que fue pero que ya no será ni nunca podrá ser.
Mata la pasión y trae saludos cordiales, algo nerviosos e incómodos.
¿Por qué fuiste así? ¿Por qué sos así? En un movimiento se devela lo que estaba oculto, lo que estaba detrás. Una vez en la mesa ya no se guarda, ya no se esconde. Aunque no esté presente, está en el aire ¿Por que le hiciste eso? La herida del otro se espeja y duplica en el corazón propio ¿Por qué me hiciste eso? Agradezco haber enterado-me de lo que sos. Antes de que sea tarde, antes. Menos mal, digo en el fondo.
Nada va a volver a ser como antes, y lo peor es que ni siquiera te lo voy a poder decir, porque en realidad entre nosotros no pasó nada.
Nunca pasó ni pasará.
Adiós, escribo a mi pesar.
Que lástima, siento lástima.
Y me lastima.
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